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Diseñar nuevas carreras interdisciplinarias y transdisciplinarias: empezar por el perfil, no por las asignaturas

La mayoría de carreras nuevas se diseñan sumando asignaturas de departamentos existentes. Cómo diseñar desde el perfil de salida y el problema que la carrera responde, y qué tensiones organizativas hay que resolver para que sobreviva.

23 de agosto de 2026 · Xavi Pascual · 4 min de lectura

He acompañado procesos de creación de carreras nuevas en universidades de varios países, y casi todos empiezan igual: alguien detecta una oportunidad —sostenibilidad, datos, salud digital, industrias creativas— y se forma una comisión.

Lo que pasa después define si la carrera será realmente interdisciplinaria o solo lo parecerá en el folleto.

El diseño por agregación: el camino habitual (y por qué falla)

El proceso típico funciona así: la comisión pide a cada departamento implicado que aporte asignaturas. Ingeniería pone las suyas, economía las suyas, diseño las suyas. Se negocian créditos —que son territorio, y el territorio se defiende—, se añade un “proyecto integrador” al final, y se aprueba un plan de estudios.

El resultado es una carrera multidisciplinaria por yuxtaposición: el estudiante cursa fragmentos de tres disciplinas y se espera que la integración la haga él, por su cuenta, normalmente en el último curso. Las asignaturas no dialogan porque los departamentos que las poseen tampoco.

Este diseño falla por una razón estructural: se ha diseñado desde la oferta existente, no desde el problema que la carrera responde ni desde el profesional que quiere formar.

Diseñar desde el perfil: la secuencia inversa

El diseño que defiendo —y que aplico con el marco de Arquitectura Sistémica del Aprendizaje— invierte el orden:

1. El problema antes que el título

¿Qué problema del mundo real justifica que esta carrera exista? No “hay demanda de perfiles en X”, sino: ¿qué situaciones complejas tendrá que abordar este profesional que ninguna disciplina resuelve sola? Si la respuesta cabe en una disciplina, no necesitas una carrera interdisciplinaria: necesitas una mención.

2. El perfil de salida antes que el plan de estudios

Definir con precisión qué debe comprender, saber hacer y saber decidir el graduado. No como lista de competencias genéricas copiada de otra memoria, sino como capacidades observables y evaluables, ancladas en las situaciones del punto 1. Este perfil es el contrato de diseño: todo lo que venga después se valida contra él.

3. Las experiencias antes que las asignaturas

¿En qué situaciones de aprendizaje se desarrollan esas capacidades? Los problemas reales no llegan etiquetados por disciplinas, y las experiencias que preparan para ellos tampoco deberían. Aquí aparecen los estudios de caso integrados, los retos con organizaciones, los proyectos longitudinales que atraviesan cursos. La pregunta correcta no es “qué asignaturas necesitamos” sino “qué experiencias necesita vivir este estudiante”.

4. La estructura al servicio de las experiencias

Solo ahora tiene sentido hablar de módulos, créditos y organización temporal. Y probablemente la estructura resultante no se parezca a una parrilla de asignaturas de 6 créditos: aparecerán bloques integrados, tiempos de proyecto protegidos, progresiones de complejidad.

Interdisciplinario vs. transdisciplinario: una distinción útil

  • Interdisciplinario: varias disciplinas se integran para abordar un problema; cada una conserva sus métodos, pero el diseño obliga al diálogo. La mayoría de carreras nuevas deberían aspirar, como mínimo, a esto.
  • Transdisciplinario: el problema organiza el conocimiento y trasciende las fronteras disciplinares, incorporando también saberes de fuera de la academia —profesionales, comunidades, organizaciones—. Es más exigente organizativamente y no siempre necesario, pero en ámbitos como sostenibilidad o salud pública es donde está el valor real.

La trampa habitual es usar estas palabras en el folleto mientras la estructura sigue siendo disciplinar. El estudiante lo detecta en dos semanas.

Las tensiones organizativas que nadie pone en el plan de estudios

Una carrera interdisciplinaria de verdad incomoda a la organización, y conviene saberlo antes:

  1. ¿De quién es la carrera? Si pertenece a una facultad, las demás aportarán asignaturas sin comprometerse. Las estructuras de gobernanza compartida —con presupuesto y decisiones compartidas— no son burocracia: son la condición de supervivencia.
  2. ¿Quién enseña, y cómo se le reconoce? Co-enseñar un bloque integrado exige más tiempo que repetir la asignatura de siempre. Si el sistema de dedicación docente no lo reconoce, el diseño se degradará hacia lo que sí reconoce.
  3. ¿Cómo se evalúa lo integrado? Si cada disciplina evalúa su parte por separado, la integración desaparece de facto: el estudiante optimiza lo que puntúa. Hacen falta evidencias y rúbricas compartidas.
  4. ¿Qué pasa en el año tres? El entusiasmo fundacional dura dos años. Después, la carrera sobrevive si está anclada en estructura —gobernanza, dedicación, evaluación— y muere si dependía de las personas que la crearon.

Una prueba rápida para tu proyecto

Si estás diseñando —o rediseñando— una carrera, tres preguntas de diagnóstico:

  • ¿Puedes explicar el problema que responde la carrera sin nombrar ninguna disciplina?
  • ¿El perfil de salida existía antes que la lista de asignaturas, o se redactó después para justificarla?
  • ¿Hay alguna experiencia integrada con peso real en la evaluación antes del último curso?

Tres síes: vais en serio. Tres noes: tenéis una suma de departamentos con un nombre atractivo.


Este proceso —del propósito al perfil, del perfil a las experiencias, de las experiencias a la estructura— es una aplicación directa del marco de Arquitectura Sistémica del Aprendizaje. Si tu institución está creando o repensando titulaciones, hablemos.

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